viernes, 31 de marzo de 2006
Una crisis caricaturesca

Medio Oriente y Occidente

Las protestas contra las caricaturas ofensivas del profeta Mahoma aparecidas en Dinamarca repite el patrón manipulativo de confrontación estimulado desde las elites políticas islámicas contra Occidente.

Si no fuera una tragedia sería una farsa: manifestaciones de multitudes exaltadas, edificios quemados, muertos y heridos, interminables desfiles de rostros desencajados de santa indignación, boycotts comerciales, periodistas críticos de la ola de histeria despedidos o encarcelados. ¿Y todo por qué?

Por unas caricaturas del profeta Mahoma, que no cuestionan la religión musulmana sino su instrumentación por el terrorismo islamista, una crítica en la que presuntamente coinciden los musulmanes moderados con la mayoría de la opinión occidental. Las caricaturas aparecieron en el mes de setiembre en un diario danés y poco después fueron reproducidas en un diario noruego. Significativamente las protestas demoraron en llegar. Hoy se conocen algunos detalles de su gestación. Los embajadores de los países musulmanes acreditados en Dinamarca solicitaron una entrevista con el primer ministro de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen, quien se la negó cortésmente explicando que en su país la prensa es libre y que él no tiene poderes para coartar su libertad de expresión. Poco más tarde, un imam musulmán activo en Dinamarca, Abu Laban, realizó una gira por el Medio Oriente alertando a los gobiernos acerca de la terrible ofensa sufrida por el Islam. Para reforzar sus argumentos no se conformó con llevar sólo las caricaturas publicadas por el diario Jyllands-Posten sino que agregó otras mucho más ofensivas (Mahoma como cerdo y como pedófilo) que dijo le habían sido entregadas por musulmanes en Dinamarca.

Fue claro que hubo una instrumentación política de la “indignación popular”. En Siria, donde no sucede nada sin órdenes superiores, una turba incendió las embajadas de Dinamarca y Noruega. Testigos señalaron que hubo hombres con “walkie-talkies” dirigiendo a los revoltosos. Algo similar sucedió en Libia, mientras en el Líbano los incidentes fueron manipulados por agentes del régimen de Damasco. La tercera parte de los 400 arrestados por los disturbios que destruyeron la embajada danesa y vandalizaron el barrio cristiano cercano fueron sirios. Irán, enfrentada con Occidente por su política nuclear, vio la crisis de las caricaturas como una gran oportunidad para ganar puntos en la confrontación y poner a Occidente a la defensiva.

Para tener una idea del tono de la retórica iraní vale la pena citar un sermón transmitido un viernes por la televisión iraní Sala Al-Din: “Oh Alá, lanza tu ira sobre el pueblo de Dinamarca. Castígalos con todas tus fuerzas. Haz que traguen la tierra, Oh Alá. Envíales terremotos y erupciones volcánicas, Oh Alá. Oh gobernantes árabes y musulmanes, un boycott comercial no es suficiente. Cerrar embajadas no es suficiente. Debéis instruir a vuestros pueblos a boycotear a todos los infieles” (1).
Desviando la atención afuera

En cuanto a Siria, la motivación del régimen de Bashar Assad es transparente. Mientras el mundo esté ocupado con la crisis de las caricaturas, el urticante tema del asesinato del ex-primer ministro libanés Rafik Hariri quedará olvidado y la oposición libanesa no podrá movilizar a las masas para tratar de sacar del poder al presidente Emile Lahud, títere de Siria.

Pero otros regímenes no menos autoritarios también aprovecharon la oportunidad para desviar la atención popular de sus problemas reales. Del mismo modo es evidente que detrás de los episodios de violencia hubo grupos islamistas organizados. Esta táctica no es nueva, pero su eficacia ha llevado a los dirigentes autócratas árabes y musulmanes a utilizarla una y otra vez. Después de todo se apoya en un indudable conocimiento de la sicología de sus pueblos. Como lo señaló el periodista libanés Uqab Saqr: “¿Qué significa la identidad para un árabe o un musulmán? Su identidad se basa en dos elementos: el primero, es la hostilidad hacia el otro. Yo me defino como enemigo de tal o cual. El segundo elemento: es cultivar esa hostilidad” (2).

Por lo demás, no hay nada más fácil que movilizar a las masas en países musulmanes. En su libro Children of Abraham: An Introduction to Islam for Jews (3) el experto en el Islam, Khalid Durán, narra un episodio hoy olvidado. En 1968, que entonces era Pakistán Oriental, 10.000 personas manifestaron contra el libro Islam de Fadlur Rahman, un libro escrito en un inglés difícil que ninguno de los manifestantes jamás había visto y aún menos leído. Durán explica que en las grandes metrópolis árabes siempre hay muchos miles de personas desocupadas en la calle “esperando que pase algo”. Cualquier sugerencia incendiaria de un predicador en una mezquita es bienvenida no por el poder del púlpito sino porque les ofrece ocupación al menos por unas horas. Durán explica que en Argelia se ha acuñado una expresión “hitist” que designa a un joven recostado en una pared (de hit, pared en árabe argelino); lo hace porque no tiene adónde ir, ya que ni siquiera tiene dinero para ir a un café. Para él, cualquier manifestación es un cambio de su vida tediosa y sin horizontes. Obviamente el analfabetismo y el bajo nivel educativo también tienen mucho que ver con el tema.

Explica Khalid Durán que la población en Egipto, Bangladesh, Pakistán y otros países crece más rápido que el número de escuelas y de maestros. En algunos países el nivel de analfabetismo llega al 70% u 80%. Pakistán, con casi 150 millones de habitantes, tiene una élite admirable, pero sus numerosos eruditos y profesionales son como una isla en medio de un mar intelectualmente muerto. Millones de hombres ignorantes, desempleados y frustrados, pueden ser movilizados de un momento a otro para destruir lo que se les indique.
No importa el contenido

Es obvio que la actual “explosión de ira” por las caricaturas, al igual que el episodio de Dacca en 1968, es fruto de manipulaciones cínicas de muchas personas interesadas en la confrontación con Occidente. Al respecto, resulta muy ilustrativa otra anécdota narrada en el libro de Durán: algunos estudiantes libaneses en la universidad de California tenían contactos con el Hizballah pro-iraní y ellos dieron en su clase una explicación de uno de sus líderes acerca de lo que había inducido al régimen de Teherán a lanzar la fatwa (fallo religioso) incitando al asesinato de Salman Rushdie por su libro Versos Satánicos.

“No leímos el libro y suponemos que ustedes tampoco. Olvídense de su contenido. El libro aparece en un buen momento para polarizar al mundo. Antes hubo una polarización entre Washington y Moscú. Nosotros tenemos que transformarla en una polarización Washington-Teherán. Para ello necesitamos tener de nuestro lado al mayor número de musulmanes posible. Los musulmanes pueden ser incitados cuando el honor del Profeta es atacado como lo hizo Rushdie en sus Versos Satánicos. Si Rushdie no existiera, tendríamos que inventarlo”.

Así como entonces los islamistas inventaron el affaire Rushdie, ahora inventaron la crisis de las caricaturas. La diferencia entre entonces y ahora era que los islamistas no tenían una presencia tan fuerte en Europa como la tienen actualmente. Pero el objetivo de confrontación es el mismo. Es la violencia y la intimidación contra la democracia y la tolerancia. Es la puja por imponer la supremacía del Islam a una sociedad basada en los valores del pluralismo. Es una mentalidad autoritaria anclada en un lejano pasado contra una compleja y contradictoria sociedad postmoderna globalizada. Es una fuerza radical basada en una antigua religión de origen guerrero que hereda los sueños totalitarios del comunismo y el nazismo del siglo XX.

Obviamente no todos los musulmanes comulgan con los grupos más radicales y aun entre éstos hay profundas diferencias internas. Pero la gran pasividad de la mayoría hace que siempre ganen la partida los violentos, los mejor organizados, los más fanáticos.

Si hay algo que se desprende claramente de la experiencia histórica es que frente a un embate totalitario de este tipo no cabe la debilidad. Lo que está en juego no es la libertad de prensa en Europa o el mercado para los productos daneses en el mundo musulmán. Lo que está en juego es la civilización actual como ámbito cultural democrático y pluralista.

Por ello, la única actitud digna posible es una defensa a ultranza de los caricaturistas, de Dinamarca, de la libertad de prensa así como un rechazo categórico a la intimidación y las amenazas, a la hipocresía que defiende santurronamente a una religión atacada pero se atribuye el derecho de ofender a otras, al embate del siglo VII contra el siglo XXI.

La caricaturesca crisis de los dibujos del Profeta es sin duda ridícula pero ello no disminuye en lo más mínimo su peligrosidad. Es un ataque masivo a la libertad y cómo tal debe ser rechazada con la mayor determinación. Cualquier actitud de acquiescencia o de “comprensión” de los reclamos islamistas es potencialmente suicida.

(1) Clip de la televisión árabe e iraní de “Memri” (Middle East Media Research Institute)

(2) Clip de la televisión árabe e iraní de “Memri” (Middle East Media Research Institute)

(3) Khalid Duran ha sido profesor en las universidades de Islamabad, Hamburgo, Oslo, las Naciones Unidas y numerosas universidades norteamericanas. Su libro fue publicado en el año 2001 por el “American Jewish Committee”.
Publicado por Desconocido @ 10:02  | KOL hasbará
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