Desmantelar la Autoridad Palestina.
Si a lo largo del último medio año hubiera habido seis atentados suicida en Dinamarca, cuyo tamaño de la población es similar al de Israel, la reacción sería una sensación de calamidad y urgencia. El asesinato de un único individuo, Theo van Gogh, por un jihadista en Holanda sacudió profundamente ese país y provocó un ánimo de crisis.
por P. David Hornik
2006-05-05 08:44:00
El atentado suicida de la semana pasada en Tel Aviv, que mató a nueve personas e hirió a 8, fue el noveno atentado suicida en Israel desde que el 8 de febrero del 2005 Ariel Sharon y Mahmoud Abbás declararan una tregua. También fue el sexto de los últimos seis meses, lo que es, a grosso modo, el periodo desde que Israel completó la desconexión de Gaza y el norte de Samaria.
Si a lo largo del último medio año hubiera habido seis atentados suicida en Dinamarca, cuyo tamaño de la población es similar al de Israel, la reacción sería una sensación de calamidad y urgencia. El asesinato de un único individuo, Theo van Gogh, por un jihadista en Holanda sacudió profundamente ese país y provocó un ánimo de crisis.
El ataque de la semana pasada en Tel Aviv fue también el atentado suicida palestino nº 82 contra Israel desde la firma de la Declaración de Principios Israel-OLP el 13 de septiembre de 1993. Sólo en el 2006, las fuerzas israelíes han capturado a más de 90 palestinos que estaban camino a cometer atentados o en las etapas de planificación - más de la mitad de la cifra de todo el 2005.
Otra analogía: en partes de New Hampshire, que tiene aproximadamente el mismo tamaño físico que Israel, un grupo étnico extranjero reclama la independencia. New Hampshire les concede un alto grado de autonomía a falta únicamente de la independencia, basada en la firma de un acuerdo que reza que las reclamaciones adicionales se solucionarán en negociaciones al tiempo que se abandona completamente la violencia. Pero los atentados suicida, los disparos, los apuñalamientos y hasta los ataques con misiles contra New Hampshire desde las zonas autónomas se convierten en la norma; doce años después, las fuerzas de seguridad trabajan 24 horas al día en modo defensivo, pero los ciudadanos aún son asesinados o heridos y la población está en constante peligro.
El escenario de arriba es, por supuesto, inconcebible; en lugar de dejar que la situación se prolongase a lo largo de docenas de años sin ningún final a la vista, New Hampshire, o cualquier otra entidad política, habría reconquistado hace tiempo las zonas autónomas a causa del acuciante imperativo de proteger a sus ciudadanos de la muerte y la mutilación violentas.
Cualquier otra entidad política en el mundo, es decir, a excepción de Israel.
El motivo de la barroca contención de Israel no es ningún misterio: es que la entidad que le ataca, la Autoridad Palestina, es el ojo derecho del mundo. Hasta - en realidad, particularmente - en el más postmoderno, relativista y moralmente blasé de los países occidentales, la existencia de esta entidad se considera tal absoluto moral, su desmantelamiento tan inconcebible, que la noción de que Israel haga lo que deba para salvar las vidas del próximo grupo de israelíes que saldrán volando inevitablemente por los aires ni siquiera existe como posibilidad política - ni siquiera, simplemente, para gran parte de "la derecha" en el propio Israel.
Desmantelar la Autoridad no conllevaría una reocupación israelí permanente de los centros de población palestinos, igual que el desmantelamiento de los regímenes Talibán o de Saddam Hussein no da derecho a una ocupación extranjera permanente de sus países. Significaría reconocer que la creencia de que la OLP y los palestinos en general estaban preparados para un compromiso pacífico fue errónea, y que intentar solucionar el problema basándose en esa premisa equivocada demostró ser demasiado caro.
Puesto que el actual ánimo entre los palestinos y los mundos musulmán y árabe en general no es el de hacer la paz con Israel, la reocupación de los territorios por parte de Israel probablemente sería larga y entrañaría costes. El precio de no desmantelar la Autoridad Palestina es su continuada existencia: continuos ataques, continuas carnicerías, y continuo peligro para Israel.
Hoy también está claro que todas las tentativas de Israel de cuadrar el círculo - mantener la Autoridad Palestina al tiempo que logra su propia seguridad - han fracasado. Las ofertas de estado, incursiones militares limitadas, construcción de una barrera, o retiradas territoriales parciales, todo ha dado el mismo resultado - el terrorismo continúa. Lo único que, hasta la fecha, ha reducido sustancialmente el ritmo de éxito del terrorismo - el incremento de la actividad militar israelí desde el 2002 - no se ha aproximado a ponerle fin.
Incluso si la tentativa de presionar al régimen de Hamas hasta que colapse fuera a tener éxito, no ofrece ninguna solución, puesto que todo restante grupo interno que ostenta hoy el poder político-militar en la AP-Fatah y sus vástagos, el Frente Popular, los Comités de Resistencia Popular, la Jihad Islámica y demás - comparten la misma naturaleza terrorista y el objetivo de atacar y destruir eventualmente a Israel. Cualquier reemplazo de Hamas también mantendría el sistema educativo que adoctrina a generaciones de palestinos en el odio antisemita y anti israelí.
Algunos también creen que la respuesta es la eventual finalización de la barrera de seguridad de Israel. Pero mientras que la incomparablemente menor y más defendible barrera entre Gaza e Israel ha detenido hasta la fecha las infiltraciones, las tentativas de infiltración, incluyendo a través de túneles, tienen lugar constantemente. Incluso si es finalizada, la barrera del West Bank será enormemente más larga, retorcida y difícil de defender, al tiempo que no ofrece ninguna solución en absoluto frente a los ataques de misiles.
La opción real, pues, es directa: o dejar que la masacre de israelíes continúe, trabajando para reducirla pero no para ponerle fin, o tomar la única acción militar que puede ponerle fin. Cualquiera que crea que los israelíes tienen el mismo derecho a la vida que los daneses, los holandeses, los americanos, o cualquier otro, debería favorecer la segunda alternativa. El hecho de que los propios cansados y aturdidos israelíes hayan elegido ahora un gobierno pacífico, y que ya no insistan en su propio derecho a la vida como lo hacían en los primeros años de la era de Oslo, no significa que otros deban aplaudir su suicidio.
P. David Hornik es traductor y escritor freelance residente en Jerusalén. Su columna aparece en The Jerusalem Post.